lunes 2 de noviembre de 2009

Capítulo III : Encuentro con Bruno, el patán


Tomás había terminado de ordenar todo el desastre que hizo con la rabieta y se recostó en su cama a ver televisión. Su habitación era todo un piso de un departamento pequeño; tenía una pequeña sala que consistía en un sofá para 3 personas, una mesita de centro con 1 cenicero de vidrio y 2 banquitos de madera, esos de colección que su mamá le regaló. Al costado, un refrigerador con algunas latas de cervezas y bebidas rehidratantes, mantequilla, queso, jamonada y pan de molde; encima, se encuentran vasos, platos y cubiertos. Detrás de la sala, un escritorio con una sofisticada computadora con procesador Core Duo implementada con tarjeta de video Gforce de 512 mb., una placa Intel con memoria caché de 4.0 ghz., una pantalla LCD de 19’ e impresora HP. Al costado, un pequeño estante donde reposan sus más preciados libros, entre ellos 1984, un mundo feliz, Los Borgia, Memorias de mis putas tristes y algunos más; debajo un potente estéreo con puerto USB. A lado, un baño muy pulcro con todos sus accesorios de aseo personal y un enorme espejo para su vanidad. A la derecha de la sala, una cama king size. Al frente una cómoda donde guarda su ropa; encima, un televisor plasma de 21’, un DVD, un home theater y un play station 3 lo acompañan. A la derecha de la cama, una mesita de noche con un una lamparita, un control universal, uno del DVD y una revista selecciones; un cajoncito viene con la mesita de noche. Dentro, su billetera, sus llaves, su celular y algunas revistas que ya ha leído. Debajo de la cama se encuentran sus 6 pares de calzado. A la izquierda del refrigerador hay una ventana que tiene empotrada una barra con una costosa colección de licores y acompañantes y un libro con recetas de cócteles. Junto a la ventana hay una puerta que da a un pequeño balcón con algunas plantas en maceteros, una mesa con 3 sillas y una vieja parrilla reposan allí, también los accesorios de limpieza; finalmente un lavadero termina el recorrido. Todo estaba a la vista, así consistía su pequeño pero acogedor departamento; además, él vivía solo, comía en restaurantes o en la universidad y mandaba su ropa a la lavandería. Se sentía a gusto con todo, aunque, estaba pensando en comprar una cómoda más grande ya que le molestaba el hecho de tener que apiñar toda su ropa en la actual.

Tomás, estaba viendo el partido, en jornada dominical, entre el poderoso AC Milan y el equipo que siempre juega bien de visitante, el Udinese. 0 a 2 caía en casa el Milan a los 41’ minutos de etapa inicial con dos tantos del ‘Totó’ Di Natale. Al finalizar el primer tiempo cambió de canal e hizo zapping, eran las 4:15 PM, paró en el canal de noticias, informaban de un atentado en una comisaría de Huamachuco, en el departamento de La Libertad; al parecer se trataba de un pequeño brote terrorista en ese departamento que terminó con la vida de 4 oficiales de la Policía Nacional del Perú –Otra vez estos malditos, ojalá los agarren y le saquen la mierda– rogó.


Seguía viendo las noticias cuando oyó el timbre de su celular, era Bruno, el patán, le decía que lo estaba esperando abajo, salió por la ventana y vio un Mazda azul metálico, apoyado en él estaba un muchacho de porte ni muy alto ni tan bajo, 1.77cm. aproximadamente, cabello castaño corto, con los cabellos parados, de tez blanca, ojos negros dominantes, la barba a medio afeitar que le daba el toque de masculinidad, vestía un saco casual abierto de color negro muy elegante y una camisa negra fuera del pantalón que acompañaba con el mismo color, unos zapatos de cuero negro; él siempre se vestía muy elegante y a la vez muy moderno, al final era hijo de congresista. Bruno, el patán, lo saludó con la mano y se prestó a subir. Tomás, inmediatamente apagó el televisor y se fijó que aun tenía la ventana de conversación con Antonella, la bella, abierta y la cerró. Tocaron la puerta, Tomás abrió y estaba ahí parado Bruno, siempre patán.


- Tomás, hermano...

- Hola, Bruno. Pasa, adelante.

- Chévere tu habitación, ah.

- Gracias, cuando llegué esto era una pocilga pero con unos toques quedo bien ¿No crees?

- He visto mejores...
- ¿Qué?
- Jajajá, mentira hermano; está de la puta madre tu cuarto, cuantas flaquitas habrás traído aquí ¿Eh?
- Pues a decir verdad algunas pero sólo para estudiar.

- Jajajá...Sí, claro.

- ¿Quieres servirte algo?

- Una chela me caería bien.


Tomás, abrió el refrigerador y sacó dos latas de cerveza, cogió la cajetilla de cigarros y ofreció. Se sentaron.


- Y qué tal, Tomás. Qué hiciste ayer.

- Pues... –recordó que le contaría la verdad– ayer me fui a la disco con Antonella.

- Sí, me enteré. Ayer la pasé a buscar y me dijo que se iban a encontrar. Seguramente te ha contado que le pedí para volver.

- Sí, algo me contó.

- Mira, Tomás. El motivo de mi visita es para preguntarte una cosa y que me respondas con total sinceridad.

- ¿Qué cosa? –supuso que se enteró, siempre hay gente en todos lados para chismosear.

- Bueno, yo sé que entre Antonella y tú hay algo más que una amistad.
- ¿A qué te refieres? –¿Más que una amistad? se preguntó a si mismo. Sólo hemos agarrado y hoy me dijo que prácticamente fui su paño de lágrimas.
- Pues, que ustedes son como hermanos. Se cuentan todo y confían de uno al otro. Qué paja es eso, hermano.

- Pues, sí. Supongo... –respondió aliviado.

- Como tú eres como su hermano quiero que me ayudes a volver con ella. No sabes, Tomás, me cago por ella. La necesito y la extraño muchísimo.

- No creo poder ayudarte, Bruno. Tú sabes bien que la cagaste.

- Tomás, esa flaca, Teresa, es una perra. Aprovechó que estaba borracho y se me lanzó encima y tu bien sabes que nosotros, los hombres, cuando estamos borrachos no podemos decirle que no a un culo y sobre todo al culazo que se maneja ella. Y lo peor que la muy puta le contó...qué tal concha la suya.

- Creo que le dolió más el hecho que fuera con su mejor amiga.

- Esa cojuda se caga por mí. Siempre me andaba coqueteando a espaldas de Antonella. Pero yo nada que ver. Yo estoy enamorado de Antonella, en serio hermano. Ayúdame, porfa.

- Brother, no sé que hacer, en serio. ¿Cómo podría ayudarte?

- Tú eres su pata, a ti te escucha y sigue tus consejos. Háblale bien de mí y cuéntale que esa huevona de Teresa es una perra, que se aprovechó del estado en que estaba.

- No me va a creer. La conozco.
- Pero, has el intento pes. Siquiera que me perdone y me deje explicarle.
- Ella me dijo que nunca perdonaría algo así.

- ¿Te dijo si seguía sintiendo algo por mí?

- Bueno, la verdad...sí, pero...

- ¡Bien, carajo!

- Pero, te quiere olvidar.

- No, no, no. Tú háblale nomás de mí. Ya pes, hermano. Te lo agradeceré toda la vida.

- Veré que hago. Pero, no te prometo nada.

- Chévere, hermano. Puta, si volvemos, te invito un par de chelas en un sitio bien bravo.

- No te preocupes, brother.
- Insisto. Alucina que conozco un sitio de la puta mare en la Herradura que siempre pone.

- Bueno, ya veremos.

- Bien, hermano. Entonces así quedamos. Ya sabes, dile que Teresa es una perra; es más, a un pata mío también lo cagó y le hizo lo mismo contándole a su flaca. Es una reverenda putaza.
- ¿Así?

- Alucina.

- Si pues, tiene una famita esa flaca.

- Si pes, fácil un día de estos se mete contigo jajajá.

- Já.

- Ya pes, hermano. Voy quitando. Tengo unas huevadas que hacer para la universidad. Nos vemos mañana.

- Ya pes, te cuidas.

- Igualmente, hablaos.

- Chao.


Ni bien cerró la puerta, Tomás se quedó pensativo pero sabía bien que no iba a ayudarlo ni un carajo. Además, por más que Antonella, la bella, lo haya cagado igual la seguía queriendo y le deseaba la absoluta felicidad. Sino era con él lo sería con alguien mejor, que la trate bien y la respete. No como Bruno, tremendo huevón y patán.

martes 27 de octubre de 2009

Capítulo II : Encuentro en el chat y una llamada


Tomás despertó en su habitación, prendió el televisor para saber qué hora era; 11:24. Despertó muy contento, nunca antes había despertado así, se puso a recordar con algarabía el beso de la noche anterior con Antonella, la bella, aun no podía creerlo, la bella ya sabe lo que siento –pensó– y me correspondió –gritó alegremente mientras saltaba de un golpe de la cama– encendió el ordenador para revisar su mail; mientras sacó una bebida rehidratante del refrigerador pues estaba con resaca tras haber bebido muchas cervezas anoche. La bebió sediento, prendió un cigarro y en ese instante escuchó el llamado del Messenger. Se acercó curioso. En la parte inferior de la derecha alcanzó a leer un “hola” mientras se desvanecía. Maximizó la ventana. Era Antonella, la bella, y le estaba saludando. Emocionado apagó el cigarro, se lavó la cara –por si ella activaba la Web Cam. para ver a su resaqueado amante– se sentó y escribió:

- Hola –seguido de una carita sonriente

- Hola, Tomás. ¿Cómo has amanecido?

- Bien, con algo de resaca, pero bien. ¿Y tú?

- No sabes, me muero de sed. Ya mandé a comprar un rehidratante con la empleada.

- Jajajá. Pero ya va a pasar, vas a ver.

- Antonella, estoy muy contento. Ayer la pasé chévere.

- Tomás, necesitamos hablar.

- Dime –seguido por una carita intrigada.
- Lo de ayer fue bonito, ya. Pero no quiero que malinterpretes las cosas, somos amigos y no quiero perder esta bonita amistad que tenemos juntos. Te quiero mucho, pero como amigos. Ayer me sentía sola y triste, pensaba mucho en Bruno y cuando nos besamos fue porque estaba mareada y no sabía lo que hacía, incluso en un momento pensé que tú eras Bruno...perdóname seguro tu no querías besarme para no perder nuestra amistad, en serio sorry –seguido de una carita triste.
- No, no, para nada. Lo de ayer me gustó mucho y lo volvería a hacer.

- Tomás, solo te veo como un amigo. Aun sigo enamorada de Bruno, quizá en otra oportunidad pueda suceder pero no quiero perder tu amistad.

- Entonces...me utilizaste como consuelo, como paño de lágrimas.
- No, Tomás. Estaba mareada, perdóname –seguido de una carita triste.
- Ahora me siento triste... - No, Tomás. Discúlpame, sorry en serio. No quiero que te sientas así...pucha que tarada que fui.
- No quiero seguir chateando, otro momento hablamos, tengo cosas que hacer. Chao.

- Tomás, espera...no le vayas a comentar nada a nadie, por favor.

- No te preocupes...bye –cerró cesión.


Tomás reposó. Pasó de la felicidad completa al total abismo de la tristeza en cuestión de segundos y ahí, recostado en su cama, meditabundo, pensando en como afrontar la situación la próxima vez que vea a Antonella, la bella; adoptar una postura como si nada hubiera ocurrido no iba a poder tolerarlo pero tampoco estaría conforme con la indiferencia pues, él, no era partidario del infantilismo (era lo que él pensaba porque seguía siendo un inmaduro de mierda). Sin embargo, el creía que la bella merecía un castigo, algo pequeño, que no la lastimara, pero que se diera cuenta que él estaba sufriendo mucho. –Pero no quiero dejar de verla, ella ilumina mi día, es la razón por la cual me levanto para ir a la universidad y encontrármela en el campus– acotó. –¡Ya! todo esto me hartó, siempre es la misma huevada, todos los días sufriendo por una cojuda que ni bolas me da y yo como imbécil detrás de ella, siempre atento a que esté bien tanto en su vida personal como en la universidad. Ya me cansé de ser el juguete de esa huevona a la que tanto quiero y adoro pero ahora todo va a ser diferente. Quiere a un huevón desatento, malcriado, que todo le llegue al pincho y pendejito...pues ahora ese huevón seré yo– sentenció el nuevo Tomás mientras buscaba en su agenda el número de alguna amiguita que esté dispuesta a ayudarlo en la faena que enrumbaría hacia su nueva vida.
Estaba que daba vueltas en su habitación, maldiciendo y golpeando las paredes, botando y pateando cuanta cosa se le cruce en el camino cuando, de repente, el celular sonó al ritmo de Fatboy Slim; Tomás cogió el móvil, era un número desconocido, le llamó mucho la atención, el no suele contestar números desconocidos pero por esta vez sería diferente, necesitaba distraerse un poco. Entonces, contestó.

- ¿Aló? - Tomás, hermano, qué tal, cómo estás. –contestó una voz imperante.
- Pues, ahí brother, ordenando un toque mi cuarto. –respondió tratando de adivinar la voz.

- ¿Y qué vas a hacer más tarde?

- Bueno, nada creo, descansar me imagino. Hoy es domingo pes. Brother, sorry ya, pero no sé quien eres, no tengo registrado tu número.

- Soy Bruno, huevón.

- Ah manya. Bruno, qué tal. –respondió muy intrigante, ¿Por qué Bruno, el patán, lo estaba llamando? ¿Se habrá enterado de lo sucedido con Antonella ? ¿Qué querrá este huevón?

- Pucha, hermano. Tenemos que hablar seriamente.
- Qué pasó, brother.

- Por celu no, pes. Voy a tu jato, dices.

- A ver...ya pes, normal no voy a hacer nada ven a mi jato si quieres.

- Chévere, hermano. En media hora te caigo, hablaos.

- Ya.


Tomás estaba nervioso, no sabía de quería conversar Bruno, el patán; estaba buscando alguna excusa o cuartada por si el patán venía a cuadrarlo por lo sucedido con la bella.
Finalmente decidió permanecer tranquilo y si él venía con ganas de buscar problemas pues le diría la verdad, qué su amor era inmenso, que siempre la quiso y que él no merecía tener como enamorada a tan preciosa persona además estaba el hecho que ya las había cagado metiéndose con la mejor amiga de Antonella, la bella. Listo, así serían las cosas, qué se habrá creído el huevonazo éste.

Continuará...

lunes 19 de octubre de 2009

Capítulo I : Encuentro en la discoteca


Tomás estaba en una discoteca miraflorina, sentado en la barra, impaciente, mirando el reloj, eran las 11:39; con la mano derecha sujetaba un vaso de whisky doble y con la otra cogía un cigarro el cual fumaba ansiosamente. –Amigo, ¿bailas?– preguntó una hermosa muchacha de rizos dorados –No, gracias. Estoy esperando a alguien– bebió un sorbo del vaso –Y qué tal si nos tomamos alguito mientras esperas– añadió la rubia – ¡Te dije que no! –Aich, tú te lo pierdes– ni bien se retiró la muchacha, Tomás bebió el último sorbo de whisky, se levantó, apagó el cigarro en el cenicero de la barra, avanzó tres pasos y se detuvo. No, ella va a llegar –pensó– seguro su viejo le dijo que pasara a recoger a Paola –su hermana menor– me comentó que quizás su viejo le asignaba la tarea –excusó– pero quedamos a las 10 en la barra y ya son 15 para las 12. Bueno, 15 minutitos más y me quito. Tomás se pidió otro whisky y encendió un cigarro.

Ese alguien era Antonella Franceschini, la bella, la cual después de 1 año de incondicional amistad por fin quedaron en salir solo los dos, ya que, en innumerables ocasiones habían salido siempre acompañados por el grupo de amigos que ambos frecuentaban y que, incluso, iba Bruno Di Matteo, el patán de su enamorado, el muchacho que tantas veces Antonella, la bella, le contaba con entusiasmo a Tomás y él se sentía, hipócritamente, feliz por su amiga. Tomás siempre esperaba el momento de platicar solo de los dos, de lo que podría funcionar más que una bonita amistad, de lo que en realidad significaba ella para él, lo importante que era en su vida, de cómo le hacía sentir cuando ella bajaba las escaleras –le latía fuertemente el corazón, podía percibir el aroma de su castaño cabello lacio, podía sentirla cerca de él casi tocando su delicada piel rosada con la yema de los dedos, mirarla fijamente a sus avellanos ojos, escuchar su respiración, oír su angelical voz que está a punto de mencionar su nombre al tocar la puerta– cuando en realidad bajaba de su departamento, pasaba de largo la de él y se iba directamente a la recepción porque ahí estaba él, Bruno, el patán, esperándola con su carro, un lujoso Mazda azul metálico que le había regalado su padre, el congresista, para irse “lejos, por ahí” como ella le comentaba al regreso y que a él tanto le molestaba. No quería ni imaginarse dónde era ese “por ahí”.

Pero, esta vez sería diferente. Bruno, el patán, las había cagado, pues se tiró a Teresa, la mejor amiga de Antonella, la bella, y ella jamás perdonaría un acto de infidelidad, Tomás la conocía muy bien, eran muy buenos amigos pues.

Esa noche estaba decido a declararle su amor, a regalarle su alma, a entregarle la llave de su corazón, a tratarla como a una reina salida de un cuento de hadas, a decirle que quería mimarla por siempre, cuidarla y protegerla cada momento, cada segundo...que estaba enamorado de ella desde hace mucho tiempo y lo que sentía era algo realmente hermoso.
Pasados algunos segundos de haber recibido su whisky Tomás miró hacia la entrada y observó una figura la cual él tanto admiraba. Era ella, Antonella, la bella, hermosa como siempre; estaba despistada tratando de ubicar la barra, Tomás agitó los brazos para llamar su atención, lo logró, se miraron, sonrieron a lo lejos –Aquí estoy amor– murmuró Tomás.

- Vaya, Tomás, te ves muy bien con esa camisita y ese peinado te queda lindísimo. Las chicas me van a envidiar esta noche.
- Jajajá, no es para tanto, flaca. Más bien, yo soy el afortunado de conocer a la niña más linda del mundo...por cierto, como siempre, estás hecha una princesa.
- Qué tierno que eres, Tomás. Te quiero mucho mucho...hoy va a ser un día especial.
- Ya es especial estando aquí contigo.

Antonella, la bella, lo miró con dulzura, como si se tratase del ser quien siempre andaba buscando, aquel por el cual había pedido a Dios que lo protegiera y bendijera hasta el día que ambos se encuentren. Mientras que, Tomás la miró con delicadeza, sonriendo tiernamente, enamorado, el pecho le explotaba, respiraba amor. Parece que por fin se encontraron.

- Bien ¿Y qué se va a servir la señorita?
- Sorpréndeme...
- Brother –llamó al barman– un Listerine para el tufo de la flaca.
- ¡Tomás!
- Jajajá, Una bromita. Brother, un Hemingwey special por favor.
- Jajajá, sorry. Estoy de buen humor.
- ¿Y a qué se debe si es que se puede saber?
- Nada, estoy contento desde hace unos días...muy contento.
- ¡Ajá! estás templado.
- Este...
- Y quién es la afortunada.
- Yo no he dicho nada...
- Ya pues Tomás, dime. No, mejor no. Sabes que soy muy celosa.
- Tontita, yo no tengo ojos para nadie y menos en este momento –la miró tiernamente.
- Este...¿Y mi Hemingwey special?
- ¡Ah! eh, verdad, ya lo pido.

Tomás se sintió avergonzado, jamás pensó en decir algo así y menos quererla incomodar. Quiere que esta noche sea perfecta y necesita un poco de ayuda de su viejo amigo, el licor.

- Toma...dicen que aquí preparan buenos tragos a la carta.
- A ver...está buenazo, alucina. Toma, prueba.
- Pues sí, está bien rico.
- Y qué tal tu día, Tomás.
- Mostro. Hoy tuve una exposición en la universidad y el profe me felicitó por mi tema.
- ¿De qué trataba?
- Extinción de medios escritos; pienso que unos años la internet matará, eliminará y desaparecerá la prensa escrita física, es decir, el papel. Ya que hoy en día existen muchos medios para que cualquier usuario pueda publicar artículos realmente muy interesantes, cosa que la prensa escrita física publica al día siguiente pero ya todos los lectores se enteraron a través del internet.
- Tranquilo pues...
- Jajajá, es una teoría muy interesante, uno de estos días te explico mejor. ¿Y a ti cómo te ha ido?
- Horrible, el profe me puso 11 en una maqueta que me había matado en hacer todo un fin de semana. Tomás, no te miento, todo el fin de semana me la pasé armando y pintando minuciosamente casitas, arbolitos, toda una urbanización en miniatura y me quedó bonito, ya. Pero el tarado de mi profe me dijo que todo estaba mal hecho.
- Jajajá, ¿y es cierto eso?
- No, ya. Bueno, es que no lo pasé al autocad jeje.
- Flojita…
- Jijijí. Bueno, la cosa que me maté haciendo el trabajo y, encima, hoy me fue a buscar Bruno a mi casa.
- ¿Cómo, no habían terminado? –preguntó intrigado.
- Sí, pero justo cuando iba a venir me estaba esperando en la puerta y me rogó y rogó para volver.
- ¿Y qué fue? –esperando una respuesta negativa.
- No sé, Tomás. Aun siento algo por él. Pero no quiero perdonarlo después de la perrada que me hizo.
- Flaca, él no te conviene, te lo digo como pata. Además es bien tonto, bruto; pero bien vivito para otras cosas.
- Pero es lindo. Tiene un no sé qué que me atrae mucho; es medio tontito lo sé...
- ¿Medio? –respondió mofándose de Bruno, el patán.
- Ja, já...pero eso me gusta de él porque se le ve tierno en su ignorancia. Además con él me siento protegida, me mima cada momento, es bien detallista con decirte que hoy me regaló este dije que llevo puesto.
- A ver...bah, es fantasía barata, esos que venden en los semáforos –lo dijo en tono serio, para no dar a relucir la ira que sentía en ese instante.
- Hay, no ya. Él siempre me compra cosas muy buenas y caras.
- ¿Te gusta él o su plata?
- Los dos jajajá...no, mentira. Pero siempre es bueno que nos mimen con detalles por más baratos que sean; hasta una simple tarjeta es importante, la cosa está en el detalle y hacer que nos sintamos únicas.
- Sí, lo sé. ¿Pero volviste o no?
- Le dije que me de un tiempo. Pero eso no importa en este momento. ¿Bailamos?
- Sabes, que no sé bailar –respondió desganadamente.
- Ya pues; por mí ¿Sí? –hizo un gesto de cachorrito arrepentido.
- Como decirle que no a esa carita, pero que pongan a Tongo y bailamos.
- No, guácala. Ya pues, esta canción me gusta.
- Ya bueno.

Se cogieron de las manos y mientras se disponían a ir a la pista de baile la ira embargó a Tomás, no podía creer que Bruno, el patán, se atreviera pedirle para volver a Antonella, su Antonella, la bella. Es un hijo de puta –meditó– ya me cagó la noche.
Bailaron por un buen rato; ella contagiada por la música, él se iba relajando, quería tranquilizarse pues aun tenía planeado confesarle su amor. Primero latin pop, luego dance y electrónica y cuando el DJ puso reguetón se fueron a sentar pues a ambos no les agradaba el ritmo de “moda”.

- Oye, pasan buena música aquí ah. Lástima que el DJ puso esa cochinada, mejor nos vamos a una pollada jajajá –acoto Antonella, la bella.
- Fácil, ah.
- Te noto fastidiado ¿Qué pasa Tomás?
- No, para nada. Estoy bien.
- Entonces cambia tu cara y brindemos por nosotros.
- Ok. Voy a pedir una jarrita de cerveza.

Pasaron las horas. Brindaron por ellos y su incondicional amistad. Las jarras de cerveza iban y venían. Conversaron largo y tendido; la cerveza ya les hacía efecto y se pusieron más cariñosos, se abrazaban. Tomás ya estaba listo para decirle lo que sentía por ella y cuando estuvo a punto de decirle Antonella lo interrumpió –esa canción me gusta, vamos a bailar– era una balada muy lenta, las parejas habían salido a la pista de baile y los hombres que habían ido solos esperan ansiosos una pieza más alegre para acechar a sus presas amaceradas. –Tengo algo que decirte primero– respondió Tomás –me lo dices luego, primero bailemos– finalizó Antonella, la bella.

- Qué linda canción, me encanta.
- Sí, es bonita...sobretodo la letra.
- Sí, es linda...la escuchaba siempre porque esa canción me la dedicó Bruno.
- Antonella, no hablemos de él, por favor.
- Sí, tienes razón...pensemos en nosotros.
- ¿Cómo? –estaba confundido.
- Sabes, Tomás, siempre me has parecido el muchacho más lindo de todos, me conoces muy bien y eres muy atento.
- Estás borracha, por eso dices eso.
- No, no. Yo sé lo que digo; en serio eres muy lindo, me gustas –entrelazó sus brazos al cuello de Tomás y lo miró fijamente.
- Antonella, quería decirte algo desde hace mucho tiempo y creo que es el momento
- ¿Qué cosa? –acercó su rostro hacia él, podían sentir la respiración del otro.
- No sé cómo decirlo, estoy algo nervioso. Ay Antonella, eres muy bonita, una princesita.
- Ves, eres muy lindo, sabes que decirle a una chica. Me gustas mucho Tomás –le susurró al oído y le dijo que siempre le había gustado.
- Tú también siempre me has gustado –le dijo enamorado.

Al compás de la balada acercaron lentamente sus rostros; ella, luego de susurrarle al oído, se dirigió delicadamente hacia los labios de un enamorado Tomás que podía ya casi sentir sus labios junto a los de ella...

- Tomás...
- Antonella...
- ¿Me quieres?
- Mucho...

Finalmente se perdieron en un apasionado beso mientras que Tomás acariciaba sus mejillas como si se tratase de una muñequita de cristal. Ella, apretaba con los brazos la espalda y hombros de Tomás como queriéndole retener por siempre. Apretaron sus cuerpos fuertemente uno al otro mientras seguían perdidos en el tórrido beso de los amantes.

¡Que felicidad sentía Tomás! No podía creerlo, por fin estaba allí solo con Antonella, la bella, había esperado mucho tiempo por un momento como este...era el muchacho más feliz del mundo.

CONTINUARÁ...

miércoles 10 de junio de 2009

Cómo mejorar como persona


Las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestras cualidades y defectos, conforman una autoimagen que puede transformarse en un fuerte impulso para nuestras actividades diarias y proyectos o, por el contrario, puede detener el progreso en nuestras vidas.

Ayer estuve conversando con mi enamorada y me contó que hoy va a dar un charla de autoestima en un colegio, exactamente a unas chicas del último año de secundaria que al parecer han detectado la falta de esta valoración personal. Quizá sea el hecho que se les acaba la vida escolar y aun no están preparadas para lo que se les viene como la universidad y el deseo de satisfacer a sus padres; quizá no se sientan seguras de sí mismas para afrontar nuevos retos y dejar de lado la costumbre escolar que las mantenía seguras. Quién sabe, yo no soy el experto. Sin embargo, entre bromas le dije a mi enamorada que me mencione en su charla porque tengo el ego y la autoestima enorme. Que soy una autoestima con patas, toda campante que mira por encima del hombro a los demás, que cree que él puede hacerlo TODO. En fin, ese soy yo y en verdad me gusta ser así aunque sé que no está del todo bien sentirse muy seguro de uno mismo. Ya he tenido problemas por eso y más de una vez me he estrellado contra el piso.


Bueno, hoy me levanté y recordé esa conversación. Me puse a pensar en lo egocéntrico que soy y en realidad, aunque suene pedande, ¡me encanto! Me gusto tal y como soy. Sé que debo mejorar algunos aspectos personales pero si me preguntan qué cambiaría de mi pues yo respondería nada. Pero, que quiero seguir aprendiendo más cosas, que tengo muchas ganas de seguir mejorando.

Para mi, La autoestima
es la valoración que hacemos de nosotros mismos a través de experiencias que hemos recogido a lo largo de nuestra vida. Las personas con alta autoestima son aquellas que no ceden ante las presiones de la vida y están, ante todo, seguras de sí mismas. Las personas que se sienten a gusto consigo mismo son las que no se corren de los retos. Mientras que aquellos que se quedan encerrados en sus inseguridades y miedos difícilmente puedan salir a enfrentar la vida con la voluntad renovada.

Para mejorar la autoestima lo principal es que hay que convertir lo negativo en positivo. En vez de creer que no es posible hacer nada, siempre es mejor pensar que con voluntad y esfuerzo las cosas pueden lograrse. Hay que ser consciente de los éxitos, disfrutarlos y potenciarlos, debemos reconocer en nosotros mismos las capacidades que hemos tenido en algún campo de la vida para poder obtener un éxito, disfrutar esas victorias y apuntar hacia esos puntos positivos para incrementarlos aún más en el futuro. Tampoco no hay compararnos con los demás. Sencillamente, porque no nos lleva a nada. Cada persona hace su propio camino y afronta sus propias dificultades. Todos somos diferentes y tenemos cualidades positivas y negativas en distintos ámbitos.

Para finalizar, simplemente quiéranse mucho y sepan valorarse. Si existen personas que no los valoran pues que pena para ellas puesto estarán perdiendo una gran oportunidad de aprender con nosotros y de tener a una gran persona a su lado. También rodeense de personas que tengan ese espíritu contagiante por la vida y que, por supuesto, les hagan recordar lo bueno que somos ;)

Mención aparte, le doy las gracias a mi piccolina por ser una persona tan maravillosa que me hace querer ser mejor persona cada día. Estoy muy orgulloso de ti y admiro tu excelente profesionalismo. Te amo mi principessa, no sé que haría sin ti...

martes 26 de mayo de 2009

Amor a la distancia


Siempre pensé en que una relación a distancia no era fructífera, que no tenía un buen porvenir y que a la larga las cosas no prosperarían. Siempre estaba el dicho "amor de lejos felices los 4". Conmigo no iba ese tipo de relación. Yo necesito a mi lado a la mujer que quiero para poder tocarla, acariciarla tiernamente, besarla con pasión, abrazarla, protegerla, mirarla a los ojos fijamente y decirle lo bonita que es. Por eso, no pensaba en enredarme a una relación así. Sin embargo, uno nunca sabe de que manera el amor puede llegar a tu puerta.

El amor es como una caja de pandora: llena de sorpresas. No sabes qué te puede deparar. A veces es maravilloso y otras veces es cruel. Bueno, en este momento el amor está jugando conmigo cual titiritero triste y sombrío con un muñeco de estropajo. Estoy muy enamorado de una personita tan maravillosa, esa que siempre estuve esperando y que tengo la total certeza que es para mi, que nació etiquetada con mi nombre. Pero, como dije, el amor a veces es cruel. Me tiene lejos de ella, a la distancia, con el consuelo de solo escuchar su voz cada despertar y cada vez que vamos "juntos" a la cama pernoctar. "Buon giorno principessa", repito todas las mañanas. "Que tengas dulces sueños, amor", me despido con tristeza de no tenerla abrazada con su cabecita recostada en mi pecho cada noche.

La conocía de siempre. El destino nos llevó a otros lugares diferentes por un tiempo. El mismo destino nos volvió a juntar ya de más grandes y con experiencias a flor de piel. Siempre me gustaba. Cuando el destino -que también es cruel- nos juntó un 20 y 21 supe que mi búsqueda había acabado, que aquella chica que siempre esperé estaba al frente de mis ojos que la contemplaban tiernamente. El cariño entre nosotros fue aumentando con el transcurso de los días, esos días que me encontraba de visita en mi ciudad, una visita que quería que se convirtiera en residencia eterna para estar siempre con ella. "Un amor de verano", podrían haber dicho algunos. Sin embargo, el summer lovin se convirtió en algo más que eso. En algo más que bonitos recuerdos, en algo más que momentos kodak en la playa, en algo más que hermosas veladas de cine y pizza, en algo más que jocosas reuniones de licor, en algo más que traviesas sopresas, en algo más que dulces cartitas confesoras, en algo más que inocentes y tiernas risas, en algo más que encuentros a escondidas en "campos minados", en algo más que fugaces encuentros a la hora del almuerzo, en algo más que mensajes de texto antes que me due con ella, en algo más que nuestras divertidas travesuras, en algo más que largos viajes, en algo más que cálidos abrazos al pie de una fogata, en algo más que juguetonas miradas en una reunión sin que nadie se diera cuenta, en algo más que una rosa de martes o miércoles, en algo más que un supuesto viaje a Ilo, en algo más que pretegerla mientras retruenan los fuegos artificiales, en algo más que ver "La vitta e bella", en algo más que sentir como me abraza asustada en una escena de película de terror y yo calmarla, en algo más que que desvelarnos viendo películas abrazaditos, en algo más que se nos pase el último carro de regreso a la ciudad, en algo más que una parrillada que tanto a ella le gusta, en algo más que un yogurt con bolitas de chocolate, en algo más que las deliciosas y minuciosas ensaladas que ella me preparaba, en algo más que su horrible sopa instantánea sabor a espinacas, en algo más que protegerla de una cucaracha, en algo más que su hermoso canto, en algo más que se nos pase las horas sin darnos cuenta, en algo más que abrigarla cuando tiene frío, en algo más que su delicioso aroma. Es más, nuestra canción emblema es "algo más" de la Quinta Estación.


Somos algo más que todas las cosas que mencioné. El amor que nos tenemos es sincero, puro y maravilloso. Siempre le doy las gracias por haber llegado a mi vida, por haberla conocido y por haberse fijado en mí. Lástima que, hoy, el destino tan cruel, nos tenga lejos, muy lejos, la extraño horrores y duele mucho no tenerla a mi lado en este momento.

A veces, la vida nos trae muchas sorpresas y el mundo da vueltas. Yo nunca quise mantener una relación de esta manera. Sin embargo, mírenme ahora: Muy enamorado. Pero, así como el amor nos trae este tipo de sopresas y obstáculos pues también nos depara grandes satisfacciones y muchas felicidades. Es por ello que estamos saliendo, juntos, adelante de esta situación, aprendiendo a querernos más y a sobrellevar esta limitación momentánea. Pensando en un futuro juntos, en construir algo grande y hermoso. Pronto estaremos juntos de nuevo, estoy contando los días. Esta vez no va ser un pequeño viaje a otra ciudad para reunirnos un par de días. Esta vez va a ser para siempre...

Desde aquí, en la soledad de mi habitación, te digo que te amo, que te extraño demasiado, que eres para mi, lo que siempre he soñado y esperado tanto. Te doy nuevamente las gracias por escogerme y dejarme entrar en tu vida. Y recuerda que lo nuestro es algo más que la distancia, que el dolor y la nostalgia...por somos algo más.

Que descanses, amor
Siempre tuyo...





lunes 6 de abril de 2009

Relato: Alguien que siempre esperé




El día que te conocí (otra vez y ya más viejos) me pareciste una chica muy linda y tierna. Cuando empecé a hablar contigo me di cuenta que no solamente eras una chica linda y tierna porque me di cuenta que posees valores, sentimientos, pensamientos, ilusiones, creencias que han hecho de ti una mujer de verdad llena de vida y con principios que son los que engrandecen a tu espíritu y a tu ser.

Poco a poco empecé a desear verte, consentirte, engreírte, saber como estabas, querer escuchar tu voz. Y sin querer me fui enamorando de ti... En este momento estoy profundamente enamorado de ti que cada vez que te veo aun me sigo poniendo nervioso sobretodo cuando me miras con esos ojitos, que como te dije, pareciera que Dios los adornó con las estrellas.

Siempre te estuve buscando, pacientemente. Hasta que por fin llegaste a mi vida; quizá no en el momento perfecto pero lo importante es que llegaste y que juntos saldremos adelante para que nada ni nadie nos separe. No pienso perderte ni mucho menos te dejaré ir de mi vida. Siempre lucharé por ti, por nosotros y por un futuro juntos.

Repito, estoy muy enamorado de ti y eso me encanta porque tengo la total certeza que eres para mí, que eres lo que siempre quise y siempre anduve buscando. Lo tienes todo y eres perfecta. Eres ese alguien que siempre quise. Ese alguien con quien puedo compartir los pequeños detalles que hacen inolvidable los días. Ese alguien a quien me hace esperar con la impaciencia del cariño y el deseo de un abrazo junto a un beso. Ese alguien con quien puedo reír por tonterías. Ese alguien que me hace querer ser mejor persona. Ese alguien que me enseña algo nuevo todos los días. Ese alguien con quien puedo creer, con fe, en un futuro juntos. Ese alguien a quien quiero amar para brindarle amistad, apoyo y respeto. Ese alguien con quien quiero vivirlo todo.

Quiero construir contigo día a día este hermoso sentimiento que nació para ti porque el amor nos permite crecer como personas. Nos permite soñar despiertos y crear mundos solo para nosotros.

Para finalizar te quiero dar las gracias por dejarte encontrar y por dejarme entrar en tu vida. Gracias por ser ese alguien que siempre esperé…Nunca te voy a dejar ir.

viernes 3 de abril de 2009

Relato: Los amigos de la infancia


La amistad hace bien. Es buena para la salud, baja el estrés, levanta el ánimo, alarga la vida. Otra intuición también comprobada: los buenos amigos, los incondicionales, son un puñado, no son más de cinco o seis.

Es difícil hablar de la amistad sin caer en frases hechas o cursilerías. De cualquier manera, todo el mundo celebra esta relación, la más libre y pura de todas las relaciones que pueda tener un individuo. Y quienes no gozan de este vínculo, lo padecen. Las personas que no tienen amigos es porque están demasiado centradas en ellas mismas, y suelen ser intolerantes. En la adolescencia es fundamental para reforzar la identidad, y en la adultez el amigo es el testigo de nuestra historia. Tener amigos implica aceptar y tener el don de amor, sólo así se establece este circuito de dar y recibir.

No puedo jactarme de tener muchos amigos. Sin embargo, los poco que tengo son amigos incodicionables que están en las buenas y en las malas y siempre saben que decir en los momentos más difíciles y celebran tus éxitos como si fueran propios. Uno recuerda con mucha nostalgia a sus amigos de infancia, pero yo soy ajeno a ello ya que siempre mantengo contacto con aquellos amigos ya sean los que se encuentran en Tacna o los de Lima. Recuerdo, sí con nostalgia, la infancia y todas las travesuras que hacíamos día a día donde no le dábamos cabida a los problemas, sólo nos preocupaba si nuestras madres nos darían permiso para salir a jugar con los amigos o hacer una pijamada en casa de alguien para desve larnos toda la noche jugando Nintendo 64.

Recuerdo una vez en la que estábamos Diego, Lucho y yo jugando con ballestas fabricadas por nuestras propias manos (dos maderas clavadas, un clavo en cada esquina de la madera vertical y un grueso elástico. Las municiones eran hojitas de papel bien enrrolladas hasta que queden en una filuda punta) en la parte trasera de mi jardín donde cada semana se acumulaba pasto seco producto de las mutilaciones que hacía el jardinero. Tanto pasto seco se acumuló que fue nuestro perfecto campo de batalla como para revolcarnos para atacar o escondernos para una emboscada sorpresa. Un día, decidí prenderle fuego a mi papel puntiagudo para arrojárselo a uno de ellos y para mi mala suerte fue a dar directo a la gran masa de pasto seco que inmediátamente se incendió co mpletamente que mi abuelita, entre gritos, tuvo que llamar a los bomberos. Resultado: 1 mes de castigo sin poder salir de casa.

Cuántas travesuras hemos hecho. Cavábamos huecos en mi jardín para que nuestros G.I.Joe puedan tener sus propias bases y por la noches mi abuelita iba a recoger la ropa del tendedero y en varias oportunidades escuchaba "¡mocosos del demonio!" mientras se levantaba del suelo tras tropesarse con alguno de los cientos de huecos. A uno de la mucha nostalgia esos recuerdos en donde uno solo pensaba en terminar rápido las tareas para poder jugar con los amigos, los problemas que hoy nos agobian no eran parte de la vida de un niño.

El martes llegué a Lima y al día siguiente fui a visitar a mi amigo Diego, lo conozco de los 3 añitos, vivía al frente de mi casa en Tacna hasta que se mudó a los 14 años a Lima aunque eso no fue problema ya que todos los veranos visitaba Tacna y se quedaba en casa de alguno de nosotros. Lo conocí en una clase de marinera que nos inscribió nuestras despiadadas madres con afán de ver a s u retoño desarrollar el talento artístico que ellas no heredaron, tampoco lo desarrollamos nosotros. Recuerdo que tanto a Lucho como a mi nos tenían prohibido cruzar la pista. Sin embargo nos escabullíamos para ir a la casa de Diego, testigo de tantas travesuras y alegrías infantiles.

El miércoles vimos el partido de Perú frente a Brasil con nuestras respectivas cervezas, "algo tranqui", dijimos. ¿Tranqui? terminamos ebrios en Barranco junto a su hermano mayor que también se ha convertido como mi hermano. Con ellos los "tranquis" no existen, es perdernos en el jolborio y recordar cuando eramos niños... Desde la distancia les mando un fuerte abrazo a todos mis amigos que se encuentran en Tacna y sepan que siempre los tengo presente y que pronto estaremo s jugando nuevamente...Gracias por su amistad.